jueves, 29 de julio de 2010

Olor de Colònia

"OLOR DE COLÒNIA" de Silvia Alcàntara

Hacía tiempo que había tenido noticias sobre este libro, pero no había encontrado el momento para leerlo. Y me arrepiento de no haberlo hecho antes. Una historia sobre la historia reciente, olvidada por tantos y recuperada poco a poco, a trompicones, por algunos, pero pocas veces por aquellos que de verdad la vivieron.

Tenía ganas de leer un libro como éste. La historia de ayer mismo, contada por la gente que poco tiene que ver con la política, con la economía... aunque sus vidas se vean afectadas a diario por ellas. Gente que ha hecho del amor un sueño, porque no pudieron conseguirlo como ellos desearon; gente que, a veces, ha vivido con odio y envidia hacia unas personas que, posiblemente, les han odiado, envidiado o amado, y para quienes la costumbre, la tradición o la monotonía, ha sustituído a las emociones, a los sentimientos, a los miedos y las ambiciones. Gente que se ve ahogada por la cercanía de sus vecinos de la Colonia: un "pueblito" alrededor de una fábrica textil, tan habitual no hace demasiado tiempo. Unos personajes que viven ahogados, como muere un personaje en los primeros compases de la novela. Primeros compases que tocan una música triste, opresora, para desarrollar una novela tan sencilla y tierna como dura y alambicada, con un final sorprendente, vivo.

Es una novela que me ha gustado tanto que me resisto a desvelar cualquier elemento de su argumento, porque prefiero dejar a los siguientes ojos el placer de descubrirlo página a página. Como yo he hecho.

Sólo diré que, como las grandes historias, comienza con una gran tragedia que marcará a todos los habitantes de la Colonia. Y a partir de ella, Silvia Alcàntara desgrana la vida de un conjunto de personajes, los trabajadores de la fábrica, sus parejas, sus hijos, sus familias, sus jefes y sus amos, que se ven obligados a convivir, y a vivir. La convivencia implica "al otro". La vida, a cada uno.Y no hace demasiado tiempo que la vida no pertenecía al que la vivía, sino al que "la pagaba", a quien corría con los gastos. Esa pertenencia destruye sueños, deseos, ilusiones... Una esclavitud remunerada que poco a poco, de manera suave y monótona, configura el día a día de la existencia. La existencia de la gente, desdibujada, diluida en la comunidad jerarquizada. No de las personas. Porque las personas pertenecen al ámbito privado, y necesitan del coraje y la ilusión para salir de su jaula, para volar a sus sueños e ideales.

Cada capítulo comienza con las mismas palabras con las que ha finalizado el anterior. Porque, al fin y al cabo, la vida no deja de ser un comienzo, que para otros ha significado un final.
Imprescindible, de verdad.

No hay comentarios: