jueves, 24 de junio de 2010

Platonov

"Platonov", de Anton Txèkhov

Es la primera obra de Txèkhov que tengo oportunidad de ver, y me ha sorprendido. En el programa de mano decía que era una obra inacabada, y que el original tenía una duración de 10 horas! Así que, visto esto, las dos hora y diez minutos que duraba la obra (sin entreacto) me parecieron casi casi un capítulo de una "sitcom".

Me encontré con una obra un pelín complicada (quizá fuera la selección de pasajes?) de entender, en conjunto, pero se intuye una fuerza excepcional en cada uno de los personajes, que incitana leer el libro. El trabajo de los actores, excepcional. Pere Arquillué, Carmen Machi y Mónica Lòpez llevan más o menos la mayor parte del peso interpretativo, aunque el trabajo del resto de los actores es igualmente muy bueno. Pero éstos tres son, quizás, los que me han llamado más la atención.

La sociedad rusa de principios de siglo es la base de este drama, y el personaje de Platonov (Pere Arquillué) es el encargado de atacarla sin descanso ni remedio. Es un alma torturada, arrastrada por las pasiones femeninas, un maestro de escuela con un pasado prometedor y un presente angustioso y angustiado. Casado, su mujer es una inocente y buena esposa rusa (Carmen Machi), y su relación con "la Generala", una dama viuda de la alta sociedad rusa, es el contrapunto a su matrimonio. Parece que "la Generala" es justamente todo aquelel otro lado del espejo en que se mira su esposa, y entre las dos conforman el universo femenino que rodea (o más influye) a Platonov. El resto de personajes masculinos, respetables (y cínicos) miembros de la sociedad, con unos hijos algo díscolos, o cuando menos, que desprecian por uno u otro motivo a sus progenitores y lo que representan.

En definitiva, un ambiente que produce desasosiego, que contrasta con la cálida y apacible escenografía, y que acentúa aún más la falta de aire simbólica, la atmósfera insana que todo lo rodea y que atormenta a Platonov.

Confieso no haber leído nada de este autor, y creo que va siendo hora de empezar a hacerlo.

En otro orden de cosas, el Teatre Nacional de Catalunya es espectacular, pero los asientos, aun siendo cómodos, disponen de poca distancia entre ellos como para alojar alguien de cierta altura. Es una pena, porque cada vez somos más los que clavamos la rodilla en el respaldo del asiento delantero, y los constructores (o los responsables) de los teatros parecen no tenerlo en cuenta. Así que, si queremos disfrutar del teatro, nos toca sufrir la incomodidad de sus asientos!

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