
Para los que esperan que este sea un post espectacular, sentiré mucho decepcionarles... pero entenderán perfectamente mi decepción en esta excursión. Me explico: Salimos de nuestro hotel con la mayor de las ilusiones, para ver una de las 7 maravillas del mundo moderno. Pero los astros se confabularon para que no pudiéramos disfrutar de la jornada. Los astros, los dioses mayas, los aluxes, o Elton John. Porque tras hora y media recogiendo turistas de los diferentes hoteles, y casi 3 horas de viaje (parada en un "
centro de artesanía maya" incluída, naturalmente), llegamos al recinto de Chichén Itzá. Durante el viaje en autocar el guía (Raúl, cómo te echamos de menos!) nos explicó que esa misma noche Elton John iba a ofrecer un concierto en Chichén Itzá, y que el escenario se había caído dos veces, hasta que hicieron la ceremonia dedicada a los dioses mayas, para pedir permiso. Llegamos a la entrada del recinto, y primer signo de alarma: donde están los famosos puestecitos de artesanía que debíamos arrasar comercialmente hablando? Allí no aparecían más que tres o cuatro niños ofreciendonos pequeñas tallas "a un euro, a un euro"...
Y si, la alarma

inicial se convierte en incredulidad al ver los preparativos del evento. La explanada que da a la fachada principal de la pirámide está literalmente ocupada por multitud de asientos de diferentes colores, y a la izquierda, el famoso escenario (en pie, de momento). El guía intentó darnos alguna explicación que las pruebas de sonido se encargaron de silenciar. Visto el éxito, propuso que nos desplazáramos al "
juego de pelota", donde nos dió alguna explicación más, y dada la prisa (comprendida poco después) con la que nos llevó hacia un lateral, empecé a pensar que la visita no iba a durar demasiado. Lamentablemente, no me equivoqué demasiado. Tras un acercamiento a la cara posterior de la pirámide, un grupo de operarios nos echó, literalmente hablando, del recinto. No nos dejaron visitar el
cenote sagrado, ni el
observatorio, ni
la sala de las mil columnas, ni ninguno de esos monumentos que tanta fama han dado a Chichén Itzá... Una profunda decepción, por definirlo de una

manera suave, se iba abriendo camino bajo el sol que, no podía ser de otra manera, nos abrasaba en el recinto. Estaba previsto que nos ofrecieran una comida típica, y la verdad es que fue lo único que realmente pudimos hacer. Aunque la indignación era enorme, pudimos refrescarnos un poco, ver bailar al primo de Falete, y acallamos nuestro enfado hasta volver al autocar. Eso sí, pudimos ver las evoluciones de los diferentes trabajadores del evento, la preparación del Catering, la disposición de los asientos, la zona Vip... Pero no a Elton John, naturalmente. Cantante que, si nunca me ha gustado especialmente, ha entrado en la categoría de "vetado" para el resto de mi vida, como es natural!
Una vez abandona

do el recinto, nos dirigimos a la ciudad de Valladolid. Aprovechando que el Pisuerga no pasaba por allí, dimos una vueltecita a la plaza. Literalmente hablando. Una paradita técnica que sirvió para que nos organizáramos en la protesta, y que nos permitió escribir la reclamación que (todos los viajeros) pusimos a la empresa responsable de la excursión. Y vuelta a nuestro hotel: tras un viaje en el que hasta el aire acondicionado del autocar decidió dejar de funcionar, volvimos a "casa".
El lado positivo es que, dado que no pudimos realizar la visita, habrá que volver a Riviera Maya... o no? ;-)
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