Debo confesa

r que, al ser el primero, Tulum fue el destino maya visitado en este viaje que menos recuerdo. El recinto era impresionante, con unos edificios fantásticos. No se podía entrar en ellos, ni subirlos, pero era todo muy bonito y estaba muy bien conservado. Las explicaciones de Raúl, nuestro guía, eran lo suficiente amenas e interesantes como para olvidar el sol de justicia que caía. Qué calor! A pesar de eso, y de la cantidad de turistas que visitábamos Tulum, lo pasé muy bien.
Raúl nos contó un montón de anécdotas e historias, más o me

nos serias, y recuerdo especialmente la de los barcos que, confundidos con casas flotantes, pasaban a cierta distancia de la playa de Tulum. Los Mayas lo veían maravillados. Finalmente, los españoles decidieron acercarse a aquella zona que no prometía grandes riquezas, y se llevaron la sorpresa de su vida. Más o menos.
También me llamó la atención la representación que hacían los mayas sobre un dios-Sol (importante, sin duda, pero olvidé su nombre!) que, al amanecer salía por el horizonte, y svolvía a la tierra, poniendose boca abajo, al finalizar la jornada. Como podeis ver en la foto, vamos!

Debo decir que esta primera visita nos sirvió para tomar contacto con la historia de México, con la historia Maya, con su filosofía, su forma de vida, su desaparición como civilización... una especie de aperitivo de lo que veríamos en los siguientes días. Y fue una gozada!
Al finalizar la visita al recinto histórico de Tulum nos encaminanos al parque ecológico de Xel-há.
Es un parque donde

realizar un sinfín de actividades, mayoritariamente acuáticas. Se puede nadar con delfines, hacer snorkel, nadar con elefantes marinos... Nada más llegar te dan el equipo que necesitarás para hacer snorkel, y puedes optar por hacer un recorrido, o zambullirte en la laguna, en algún cenote, o simplemente, pasear y disfrutar de la naturaleza. En nuestro caso, fuimos hacia el recorrido largo, cogimos unos grandes flotadores (los "donuts" famosos), y nos dejanos arrastrar por la ligerísima corriente del río que discurría entre manglares en un primer momento, para desembocar en una zona más amplia, donde la gente se lanzaba desde las rocas, y la corriente te llevaba prácticamen

te hasta el restaurante. Una gozada, sobre todo cuando se me ocurrió dejar de flotar cómodamente sentada en el flotador, ponerme el equipo de snorkel, y dedicarme a mirar el fondo. Me quedé alucinada! Cómo disfruté a partir de aquel momento! Hicimos una pequeña parada para comer, y volvimos rápidamente al agua a seguir mirando peces y demás animales acuáticos. Superado el primer momento de pánico, hasta que te acostumbras a la exraña sensación de poder respirar mientras tu cabeza está sumergida en el agua, disfrué enormemente viendo pequeños bancos de peces, grandes ejemplares que sólo había visto en acuarios, tras un grueso cristal... Obviamente, no les importuné con mi curiosidad, y me abstuve convenientemente de toquetear aquellos animales. Pero me encantó la sensación de aislamiento y tranquilidad que se "respiraba" bajo el agua.
No tengo fotos de esta parte de la jornada, pero guardo un gran repertorio de sensaciones, de recuerdos, de miedos y de superaciones, y Xel-há forma parte de ellos.
Próximamente: Cobá y Tanká
No hay comentarios:
Publicar un comentario