"Un déu salvatge", de Yasmina Reza.
Cuando te dispones a ver una obra en la que intervienen Jordi Boixaderas y Ramon Madaula, sabes que vas a ver TEATRO, con mayúsculas. Porque se trata de, a mi juicio, los dos mejores actores del panorama teatral catalan. Si además los secundan dos actrices como Vicenta Ndongo, y Roser Camí, excepcionales en sus respectivos papeles, no me queda otra opción que recomendar, como imprescindible, esta obra de teatro.
Estuvieron en Barcelona el año pasado representandola en castellano, con Maribel Verdú y Aitana Sánchez Gijón. En la versión catalana, los nombres de más relumbrón son los de los dos actores masculinos. Y el resultado es espectacular. Dos matrimonios se reúnen para dirimir, en la medida de lo posible, y siempre dentro de la más absoluta correción, las diferencias que sus hijos han resuelto a bastonazos. Jordi Boixaderas y Vicenta Ndongo representan una pareja "moderna", en la que ambos trabajan en puestos "liberales", de mucho prestigio social en la actualidad. En la otra parte, Roser Camí y Ramon Madaula representan al matrimonio moderno, políticamente correcto, con valores... y profesiones menos "capitalistas".
A partir de aquí, las alianzas se van sucediendo a lo largo de la obra dando lugar a una serie de hilarantes situaciones, y la aparición en escena del alcohol, ese magnífico elixir que sólo destapa lo que realmente deseamos mostrar, es sin duda el momento culminante.
No voy a desvelar nada más, sólo me queda volver a recomendar esta obra como una de las imprescindibles de la temporada.
Y destacar, obviamente, el trabajo de los cuatro actores. Los cuatro, porque en esta obra, lo que a priori parece importante, no es más que una nueva pieza del argumento, que debe ensamblarse para tener una visión completa. El peso de la obra va cambiando de manos, y entre los cuatro sostienen una hilarante representación de la actual sociedad. Una única pega, pero no a la obra, sino al teatro en el que se representa. Un remodelado teatro Goya, que dispone de unos "maravillosos" asientos que, por su forma, no permiten que una persona que mida más de 1'70 metros pueda ver la obra con la comodidad que este espectáculo merece. Y a pesar de ello, la experiencia es inolvidable.
Im-Pres-Cin-Di-Ble. En pocas palabras.
Cuando te dispones a ver una obra en la que intervienen Jordi Boixaderas y Ramon Madaula, sabes que vas a ver TEATRO, con mayúsculas. Porque se trata de, a mi juicio, los dos mejores actores del panorama teatral catalan. Si además los secundan dos actrices como Vicenta Ndongo, y Roser Camí, excepcionales en sus respectivos papeles, no me queda otra opción que recomendar, como imprescindible, esta obra de teatro.
Estuvieron en Barcelona el año pasado representandola en castellano, con Maribel Verdú y Aitana Sánchez Gijón. En la versión catalana, los nombres de más relumbrón son los de los dos actores masculinos. Y el resultado es espectacular. Dos matrimonios se reúnen para dirimir, en la medida de lo posible, y siempre dentro de la más absoluta correción, las diferencias que sus hijos han resuelto a bastonazos. Jordi Boixaderas y Vicenta Ndongo representan una pareja "moderna", en la que ambos trabajan en puestos "liberales", de mucho prestigio social en la actualidad. En la otra parte, Roser Camí y Ramon Madaula representan al matrimonio moderno, políticamente correcto, con valores... y profesiones menos "capitalistas".
A partir de aquí, las alianzas se van sucediendo a lo largo de la obra dando lugar a una serie de hilarantes situaciones, y la aparición en escena del alcohol, ese magnífico elixir que sólo destapa lo que realmente deseamos mostrar, es sin duda el momento culminante.
No voy a desvelar nada más, sólo me queda volver a recomendar esta obra como una de las imprescindibles de la temporada.
Y destacar, obviamente, el trabajo de los cuatro actores. Los cuatro, porque en esta obra, lo que a priori parece importante, no es más que una nueva pieza del argumento, que debe ensamblarse para tener una visión completa. El peso de la obra va cambiando de manos, y entre los cuatro sostienen una hilarante representación de la actual sociedad. Una única pega, pero no a la obra, sino al teatro en el que se representa. Un remodelado teatro Goya, que dispone de unos "maravillosos" asientos que, por su forma, no permiten que una persona que mida más de 1'70 metros pueda ver la obra con la comodidad que este espectáculo merece. Y a pesar de ello, la experiencia es inolvidable.
Im-Pres-Cin-Di-Ble. En pocas palabras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario